La experiencia vicaria de Yu Hua

Yu Hua cambió su forma de escribir a partir de los noventa, es decir, en el proceso de escritura de Vivir y Crónica de un vendedor de sangre. Hasta entonces, según ha contado en innumerables entrevistas, Yu tenía una escritura muy controlada. Conocía al detalle lo que les iba a pasar a sus personajes antes de haber escrito una sola palabra. Es muy probable que el efecto de vida de Vivir del que hablé en la primera entrada de esta serie sobre la novela Vivir tenga mucho que ver con este cambio en su concepción creativa.

Otra de las razones quizá puede tener que ver con la manera en que  Yu concibe la literatura, escribe, en parte porque le gusta experimentar una vida ajena a la suya[1]. Lo mejor de todo es que a los lectores nos hace partícipes de esta misma experiencia vicaria.

Yu Hua y el optimismo de Fugui en Vivir

Laozi en su buey

Continuamos con el análisis de Vivir…

La actitud de Fugui, personaje principal de Vivir de Yu Hua,  ante las desgracias de la vida recuerda al personaje Cándido de Voltaire, que vive inmerso en un optimismo exasperante, a pesar de las adversidades. Si bien Voltaire escribió la novela en respuesta y crítica, a las teorías de Leibniz que afirmaban que vivimos en el mejor de los mundos posibles.  Yu Hua tiene una intención muy diferente, quería sobre todo que en su novela hubiera un espacio para la esperanza[1]. Al escritor le han preguntado en varias ocasiones por qué el personaje de Fugui es tan pasivo. La respuesta de Yu Hua siempre es la misma: la escasa capacidad de los ciudadanos para ser disidentes por aquellos años.

Es cierto que la indolencia de Fugui nos puede molestar a nosotros, ciudadanos europeos, pero es difícil saltar por encima del sistema y más difícil hacerlo en aquellos años. Muchas generaciones de personas se han sacrificado o se están sacrificando para garantizar un mínimo de estabilidad económica para poder vivir, y por lo tanto, pensar, sin lo uno, no se da lo otro.

Wu wei

Se me ocurre que la pasividad de Fugui puede responder a la idea taoísta del” wu wei.” Esta noción de “no actuar” podría explicar las palabras del anciano Fugui al final de la novela: Lo mejor es llevar una vida normal. Cuando uno lucha por esto o por lo otro, de tanto luchar acaba pagando con la vida. Precisamente, tres personajes, Long Er, Chunsheng y el jefe de equipo sufren o mueren como consecuencia de sus ambiciones. El caso de Long Er es quizá el más paradigmático ya que el ejército de liberación lo fusila por terrateniente y todos los lectores sabemos que las tierras las consiguió haciendo trampas con los dados a Fugui. La idea de “wu wei” también nos ayuda a entender mejor la canción que escucha el narrador del viejo Fugui en las primeras páginas de Vivir: Me quiere por yerno el emperador, pero está tan lejos que no pienso ir. Los sabios taoístas están retirados del mundo y no les interesa la vida de palacio. En el Zhuangzi se cuentan varias historias parecidas.

 

Pensando en todo esto, creo ver en el viejo Fugui y su buey al mismísimo Laozi, el gran sabio taoísta representado tradicionalmente sobre un buey.


[1] Helen Finken: To what degree did you want to make To Live a

hopeful story? Yu Hua: I think the entire book is full of hope. Finken, Helen. Interviewed with Yu Hua, author of To Live

(Huo Zhe). Education about Asia. Volume 8, Number 3 Winter 2003. Pág 20, 22.

 

 

 

La historia de China en Vivir de Yu Hua

Una de las características de Vivir de Yu Hua es que el lector puede reconocer la historia, de una forma natural e insinuada, que es como normalmente conocemos todos nosotros la historia que acontece cada día. Los personajes se topan con la historia, sin que sean conscientes de lo que está ocurriendo exactamente. En ningún momento de la novela, se nombra “El gran salto adelante”, pero vemos como la familia de Fugui, protagonistas de la novela, se esfuerza por fundir el acero, lo que provocará una fuerte recaída de Jiazhen, su mujer, además del hambre, que será protagonista de las siguientes páginas:

“A partir del cierre de la cantina, todas las familias en el pueblo se quedaron sin patrimonio, y la vida se fue haciendo cada vez más difícil.”

Otro tanto ocurre con la guerra civil china. Al pobre Fugui le enrolan por la fuerza en el bando nacionalista de Jiang Jieshi[1].  Y Fugui se ve luchando sin saber por qué. En realidad nadie sabe muy bien qué hay que hacer. Ni los altos mandos se acaban de enterar, Fugui sólo cree vagamente que Jiang Jieshi vendrá a liberarlos. Hay un momento gracioso, cuando Chunsheng, el amigo de la guerra de Fugui, como el ruido de las bombas no le deja dormir, grita a los del frente enemigo para que dejen de dar cañonazos. Esta visión humorística de la guerra, recuerda a la que describe José Luis Berlanga en “La Vaquilla” a propósito de la guerra civil española.  Guillermo Montesinos quiere intercambiarse con un soldado del otro frente porque ambos tienen sus novias en bandos contrarios.

La única excepción a esta historia insinuada es en el caso de la “Revolución cultural”; los personajes de Yu Hua sí conocen esta rebelión por su nombre.  Muchos expertos en literatura china contemporánea, piensan que este tipo de novelas se mueven dentro de los parámetros de una crítica políticamente admitida, en la que se critica más la Revolución Cultural que otros atropellos, entre otras cosas, porque Deng Xiaoping fue uno de los damnificados.  Es posible. Quizá es cierto que no se ha tratado con profundidad la peregrina y absurda idea de convertir en China en la primera potencia productora de acero a base de los woks de los campesinos. Si bien veo una diferencia entre ambos hechos históricos.  “El gran salto adelante” es un error económico, gravísimo, de una ignorancia que duele, pero la “Revolución cultural” tiene una connotación todavía más desagradable en un sentido ético. “El gran salto adelante” mató de hambre a veinte millones de personas, la “Revolución cultural” mató moralmente a ochocientos millones de chinos.

Vivir lo muestra cuando la adolescente guardia roja se lleva al jefe de equipo del pueblo por no encontrar a nadie con quién saciar su borrachera de poder. Nadie en el pueblo hace nada realmente efectivo por aquel pobre hombre que no es culpable de nada. Ese miedo y esa cobardía sin duda hicieron sentirse culpables a muchos de los hombres que vivieron esa pesadilla.

(Continuará)


[1] Chiang Kai-shek