China, año 221 antes de nuestra era


El año 221 es una de las fechas claves de la historia de China porque señala el  nacimiento del país y su unificación  bajo el primer emperador Qin Shihuang.

Fueron muchas las circunstancias que permitieron esta unificación.  El debilitamiento de la dinastía Zhou, las constantes disputas de los estados combatientes, el desarrollo de la burocracia, el ordenamiento administrativo… En esta entrada me ocuparé de una de ellas: los caballeros Shih.

Shih es una expresión china que tiene diferentes  connotaciones dependiendo de la época y del contexto.  Puede significar maestro o sabio pero también se ha utilizado para referirse a hombres  con poderes mágicos. En la época preimperial, se denominaba caballeros Shih a los advenedizos, es decir, aquellos hombres que no tenían un origen noble, pero que habían conseguido una buena posición social. Muchos de estos hombres eran consejeros de gobierno, como Daniel Tubau comenta en su artículo Fidelidad e infidelidad en la China caballeresca , si bien muchos otros eran burgueses, guerreros e incluso campesinos. Se debe tener en cuenta que el  poder en esta época  estaba en manos de los nobles y había una escasa movilidad social. Según un estudio de Cho-Yun Hsu había cerca de 713 activistas políticos de dudosa cuna durante el periodo de los Estados Combatientes.

A partir de Confucio, según The Cambridge History of China, aumentó el pensamiento racional, porque ya no sólo especulaban los sabios y maestros, sino también pensadores individuales no afiliados a ninguna escuela. Muchos de estos hombres y escuelas surgieron de la clase emergente de los Shih y lógicamente los debates se centraban en los problemas políticos y sociales.

Un caballero Shih fue el comerciante Lü Buwei   吕不韦 , que ha jugado un importante papel en la historia China e incluso en la creación del imperio. Veamos por qué.

En el año -250, Lü Buwei  se convirtió en canciller del estado de Qin bajo el mando del rey Zhuangxiang. A la muerte del rey, en el año -247, desempeñó el papel de regente del hijo del rey, Zheng, que tenía 13 años y quién sabe si por entonces en la mente adolescente de este muchacho se fraguó la idea de convertirse en el primer emperador de toda China.

No puedo resistir hacer un comentario un tanto chismoso pero de extrema importancia en la historia de China: en el  Shiji史記 [Los registros históricos ] de Sima Qian se sugiere que Zheng en realidad era hijo del comerciante Lü Buwei. ¡Jugoso cotilleo!

Volviendo a nuestro tema.  El comerciante y ahora canciller Lü Buwei quería convertir  el estado de Qin en centro intelectual de la zona y para ello se dedicó a reclutar académicos a los que ofrecía grandes sumas de dinero. En el Shiji se afirma que acudieron más de tres mil sabios a la corte.  Además ordenó transcribir todo lo que se había aprendido de los académicos en un texto que se conoce como Los anales del señor Lü (呂氏春秋). En la Wikipedia se explica que Lü mando colgar este texto en la puerta del mercado de Xianyang, capital de Qin, ofreciendo dinero a los estudiosos viajeros que pudieran sumar o restar algún carácter.

Este es uno de los ejemplos de caballeros Shih, pero hay muchos más en  otras épocas y lugares.

Saltemos ahora al Japón de la época Samurái.

Efectivamente podemos encontrar un paralelismo similar en la historia japonesa unos veinte siglos después de los Qin; me refiero a la transición del Shogun a la restauración Meiji que tuvo lugar a finales del siglo 19. La Restauración Meiji, no supuso tan sólo un cambio en las altas esferas, al recuperar el emperador el poder y perderlo el shogun (señores feudales), sino que implicó cambios en profundidad que condujeron a la desaparición del feudalismo y la unión efectiva del país bajo un gobierno central.

La conversión de los daimyo en gobernadores de las tierras que antes habían sido suyas y la introducción del derecho a la propiedad (explícito en el artículo XXVII del capítulo II de la Constitución Meiji), potenció el desarrollo y ascenso de una clase social hasta entonces incipiente, la burguesía. La clase más perjudicada por las reformas fue la de los samuráis, que fue abolida en tanto que clase, perdiendo sus prerrogativas. En su lugar se instauró un ejército moderno siguiendo los patrones occidentales, lo que permitió a Japón pasar del aislacionismo de siglos a la imitación de expansionismo e imperialismo occidental, ejemplificado en sus victorias sobre China (1894-95) y sobre Rusia (1904-05).

La adopción de la economía de mercado y del capitalismo de empresa hizo que, al final de la era Meiji, Japón fuera la primera potencia industrial asiática y una de las más importantes del mundo.

Como última reflexión, no quiero hacer una defensa de la economía de mercado capitalista,  porque  hay que recordar que el nuevo poder japonés degeneró en un régimen fascista en los años treinta, que provocó el comienzo de la segunda guerra mundial, originada en el Pacífico antes que en la Alemania de Hitler, como muchas veces ha señalado mi colega Daniel Tubau. Sin embargo, si quiero hacer una breve reflexión acerca del poder de la burguesía, de la motivación que el hombre tiene cuando su propio beneficio está en juego. Los nuevos ricos, como los llamamos despectivamente, son los que actualmente están cambiando China. Tal vez no debamos despreciar, amigos de izquierdas, el poder trasformador del beneficio propio, aunque sí debamos controlar a través de impuestos y derechos como la seguridad social, la educación, la vivienda que el reparto sea más equitativo entre los que tienen más y los que tienen menos.

Apuntes sobre Japón: el Shogun y el sakoku


John Blackthorne, el actor Richard Chamberlain protagonizó esta serie

Japón, antes de la Restauración Meiji (1867), era un país bicéfalo. Coexistían dos poderes. Por  un lado, el Shogun, caudillo militar que gobernaba un país dividido en feudos; por otro lado, el emperador, que tenía un poder simbólico. El propio shogun no disfrutaba de un poder absoluto, sino que estaba en gran parte condicionado por los consejeros del bakufu o administración central y, además, dependía de las fidelidades de los daimyos o señores feudales. Este sistema fomentaba una radical separación de clases, aunque ya existía una incipiente burguesía y se estaban dando los primeros signos de la decadencia de los samuráis.

El sakoku

Una de las características fundamentales de Japón era su aislacionismo (sakoku), adoptado por el shogunato en el siglo XVII y que ya duraba más de doscientos cincuenta años.

La temida amenaza extranjera se hizo efectiva con la llegada de la flota del comodoro estadounidense Perry a Edo (actual Tokyo) en 1854, lo que obligó a abrir los puertos al comercio extranjero. Esta situación hizo reaccionar a los japoneses, sobre todo teniendo en cuenta lo que estaba sucediendo en China, donde las potencias occidentales dictaban su ley al Imperio, sin que éste pudiese reaccionar adecuadamente. Recordemos que China tuvo que firmar una serie de acuerdos desiguales con las potencias

Richard Chamberlain, Yoko Shimada y el actor fetiche de Kurosawa, Toshiro Mifune

occidentales.

Aunque había tanto japoneses xenófobos como pro-occidentales, todos estaban de acuerdo en que tenían que aprender de las potencias occidentales si querían que Japón mantuviese su independencia y autonomía como nación. La preocupación de la inteligentsia era crear un gobierno capaz de reaccionar ante los cambios y tomar decisiones eficaces. La cuestión era saber si el shogun era capaz de afrontar la nueva situación. Algunos pensaban que sí, pero otros creían que el emperador tenía que asumir el poder efectivo.