Dào (Una manera de encarar las cosas)

Dào es uno de los términos chinos más conocidos en Occidente, aunque hasta hace poco se escribía como “Tao” (“Dào” debe pronunciarse también “Tao”). Para muchos es un concepto místico o religioso, una idea que se ha extendido debido a la concepción espiritual que se tiene del lejano oriente. Esta imagen mística de Asia es un tema fascinante, ya que nace de un montón de prejuicios falsos. Aunque ya escribió en los setenta Edward Said acerca de este asunto en Orientalismo, aquí, en este lado del mundo llamado Occidente, seguimos teniendo prejuicios muy parecidos a los de entonces. En el Gabinete oriental  intento desmontar estos prejuicios, aportando datos y experiencias basados en la semejanza más que en lo diferente. Intento pensar que los demás, en este caso los chinos, son como nosotros, una lección que me enseñó Mark Twain cuando dijo que conocía a la humanidad porque se conocía a sí mismo, y que en él mismo estaba todo lo bueno y lo malo de la humanidad. Volviendo al tema del dào y de la concepción orientalista, el sinólogo Albert Galvany fue uno de los primeros en observar que los traductores españoles de El libro de la virtud y el camino (Daodejing, antes llamado Tao Te King) tenían la costumbre de dejar sin traducir el término dào y además solían escribirlo con la primera letra en mayúsculas: Dào. Esta grafía conduce inevitablemente al lector a relacionar el dào con otro concepto que en español se suele escribir parecido: Dios. También supongo que el estilo metafórico y el lenguaje a veces poético o críptico del Daodejing es un factor que favorece al efecto místico. Si además Laozi, el autor del Daodejing, nos dice que el dào es inefable, es decir, que no se puede explicar, entonces estamos casi condenados a no entender nada, porque después de eso, a ver quién es el loco que se decide definir qué diablos es eso del dào. Yo soy esa loca. Y me atrevo a decir que lo que quería decir Laozi es que cualquier explicación es insuficiente e inadecuada, lo mismo al hablar del dào que al explicar un chiste o un poema: se puede explicar, pero la explicación no contiene la gracia del chiste o la belleza del poema. Antes de proseguir con este arrebato de locura, hay que aclarar que el dào es un término muy usado en la filosofía china, no sólo en el taoísmo sino en otras escuelas filosóficas. Cuando algún pensador se preguntaba qué era el dào, lo que investigaba era cuál es el camino que los hombres y el gobierno debían tomar. Las principales escuelas de la filosofía china tienen diferentes interpretaciones acerca de lo que el hombre debería hacer o no hacer. Para Laozi, el hombre debe retirarse, abandonar las pasiones; Confucio, en cambio, creía en un hombre social motivado por la benevolencia; Han Feizi proponía las leyes y la educación. Al saber esto, ya no nos sorprende tanto que Laozi pensara que el dào no se puede definir: se puede discutir, se puede idealizar, se puede mejorar, se puede explicar, como un chiste o un poema, pero si se expresa de una forma precisa y cerrada, se estropea. Esta imprecisión es muy difícil de entender en un mundo, tanto aquí como allí, en el que las personas nos definimos constantemente: soy de izquierdas, soy madre, soy mujer, y al definirnos nos ajustamos o encerramos en nuestra propia definición. El dào, en cambio, es algo que no se sitúa en ningún lado, que no tiene identidad, sólo es la búsqueda del camino que hay que seguir en cada momento, un camino que cambia y se transforma porque el ser humano y la sociedad cambian y se transforman. No es una fórmula que puedas aplicar a cualquier cosa, es una manera de encarar las cosas. Tal vez por eso, el carácter dào (道) está compuesto por el radical 辶(chuò) que significa “caminar” y el componente首 (shǒu) “cabeza”, porque, vayamos donde vayamos, debemos caminar sin perder la cabeza, es decir, con sensatez.

La palabra vacía en el Chuci

Antes de comentar el poema Tianwen, me gustaría contar a los lectores un aspecto curioso de los poemas del Chuci . En algunas composiciones se introduce una “palabra vacía”, es decir, un carácter sin significado. Esta peculiaridad no se encuentra en el primer libro más antiguo de poesía, el Shijing, y es posible que tenga que ver con el taoísmo.

Recordemos que el vacío es uno de los conceptos claves de esta doctrina. Los expertos taoístas no pueden definir el dao porque es algo indescriptible y, de hecho, es muy popular la frase que dice que si entiendes el dao es que en realidad no lo entiendes. En cualquier caso, cuando han intentado aproximarse a una definición del dao, precisamente han echado mano del vacío: el dao se define por el vacío, el no-ser (wu).

Parménides de Elea

Esta concepción del no-ser recuerda al filósofo presocrático Parménides que, a diferencia de los taoístas, negaba a la existencia del no-ser. Es muy intersante, en este sentido, el siguiente fragmento:

” ¿De dónde habría crecido? De lo que no es, no te permito que   lo  digas ni pienses,   pues no se puede decir, ni pensar lo  que  no-es”

De todos modos, este fragmento resulta un tanto paradójico. Parmédices “piensa” y “dice” lo que “no-es” al afirmar que no se puede “decir ni pensar lo que que no es”. Quizá el siguiente fragmento nos aclare la posición de Parménides:

¿Cómo podría ser después lo que es? ¿Cómo se generaría?

Pues si se generó, no es, no ha de ser en algún momento futuro.

Párménides piensa que lo que existe no ha sido generado, porque si hubiera sido generado no podría haber existido antes. Realmente su argumentación es poderosa y alejada de la doctrina taoísta, en la que el vacío es un elemento activo, un lugar donde tienen lugar las trasformaciones.

El concepto de vacío se aplica en China a muchas facetas de la vida.

El vacío interior del que habla Zhuangzi en el que el hombre tiene que vaciarse para percibir sin distorsiones la realidad.

También encontramos vacío en la pintura paisajista, como la de Wang Bi, que dibuja el vacío en sus grandes paisajes nebulosos.

En la música también hay vacío: es sobre todo el silencio pero también algunos ritmos sincopados.

Volviendo al caso que nos ocupa, el Chuci, los traductores normalmente no traducen la palabra vacía, aunque a veces nos las podemos encontrar como una interjección, Oh o Uy, que nos trasmite una emoción que no está expresada en la línea del poema.

El taoísmo ni es tan místico, ni tan opuesto al confucianismo

En la conferencia “Relecturas modernas de autores clásicos: el pensamiento de Asia Oriental, hoy” los problemas de la

Al maestro Laozi se le suele representar encima de un buey.

 

traducción y los prejuicios del traductor, y en general de los especialistas, fue uno de los puntos más interesantes.

Albert Galvany echa la culpa de la imagen mística que algunos lectores tienen del Dao De Jing precisamente a los traductores.

Por ejemplo en las traducciones que se hacían de este texto en un principio, se decidió dejar escrito en chino “Dao” y además escribirlo con mayúsculas. Así, si leemos las primeras líneas del texto sería:

“El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno”.

Sin duda este texto es bastante críptico y puede provocar al lector una idea exótica del asunto.

Albert Galvany elogió la traducción de Anne Helene Suárez de la editorial Siruela. Esta misma frase se leería:

“El curso del que se puede discurrir no es el curso permanente.”

Respecto al Dao De Jing, además de los problemas de la traducción, explicó Albert Galvany que en realidad había tres versiones muy diferentes del Dao De Jing o Lao zi. La versión canónica y las procedentes de los hallazgos arqueológicos en Mawangdui y Guodian, en 1972 y 1993.

Uno de los descubrimientos más importantes es que es posible que el taoísmo no fuera en su origen una corriente tan opuesta al confucianismo, al contrario de la idea que se ha trasmitido por la tradición.