China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping

China pide paso La política China es una incógnita para muchos, que no acaban de comprender cómo es posible que un país comunista tenga una política económica de mercado. El pensamiento simplista además suele ser crítico con las medidas capitalistas y menos crítico con el hecho de que China es una dictadura. Si el lector está interesado en entender cómo funciona la política China con sus matices, retos y contradicciones, debe leer China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping. En este libro Xulio Ríos explica lo inexplicable de una forma clara y precisa. El libro se centra en el mandado de Hu Jintao, que fue el primer presidente que empezó a corregir el discurso en el que se alentaba el ascenso económico a cualquier precio, sustituyéndolo por un crecimiento económico acompañado de justicia social. En opinión de Xulio Ríos Hu Jintao estableció los  retos a los que China tendría que enfrentarse.  Como muestra de las  complejidades a las que se tiene que enfrentar el análisis de Xulio Rios valga esta cita:

«Ser comunista para Hu Jintao es ser conservador en lo político, intervencionista en lo económico, socialdemócrata en lo social y confuciano en lo cultural. Así son los mandarines chinos del siglo XXI.»

¿Quieres entender este galimatías? Pues lee China pide paso.  Imprescindible.

 

 

Editorial Icaria

Colección: Antrazyt

Serie: Análisis contemporáneo
ISBN: 9788498884661

LA CIUDAD DEL ÚLTIMO DIOS CHINO

A más de veinte mil li de distancia (10.000 kilómetros), existe una ciudad donde el aire es puro y la vida se abre camino por entre las piedras. Shaoshan es su nombre y significa “montaña bella”. Todos los chinos del mundo han oído hablar de esta ciudad porque es el lugar donde nació el último dios chino: Mao Zedong.

Shaoshan fue durante los sesenta la meca de los maoístas. Cerca de 60.000 personas visitaban diariamente la ciudad, muchos de ellos a pie como auténticos rocieros. No era para menos, visitar este lugar podía limpiar tu pasado de “negro”, es decir, de capitalista, que era opuesto a “rojo”, comunista. Ser negro por aquel entonces, los años de la revolución cultural, podía significar, si tenías suerte, pasarte diez años en una ciudad remota trabajando en el campo sin agua corriente ni luz. Otros negros fueron linchados, asesinados o inducidos al suicidio. La pureza, no de raza sino ideológica, se impuso en los peores años de la historia China reciente. Esta pureza ideológica alcanzó niveles esperpénticos, como la peregrina idea de imprimir los periódicos en letra roja. El abuelo de una amiga china fue condenado a vivir en el campo, separado de su familia, porque durante la segunda guerra mundial había trabajado como traductor cuando los norteamericanos eran aliados de los chinos, durante la invasión japonesa.

Fue durante la Revolución Cultural cuando los habitantes de Shaoshan dejaron de trabajar los campos y se dedicaron a vender escapularios comunistas en las inmediaciones de la casa natal de Mao Zedong. Más adelante, en los noventa, después de la muerte de Mao y tras la introducción de reformas de corte capitalista en China, la imagen de Mao volvió a surgir con fuerza debido al descontento de la población. Y una vez más, la ciudad natal del Dios volvió a tener una economía boyante. Hay algo de contradictorio en todo esto. Mao Zedong el hombre que más palabras ha gastado contra lo burgués y capitalista, se convierte en marca comercial e icono pop.

剩女 [QUEDARSE PARA VESTIR SANTOS]

No sé cómo comenzar este artículo. Escribo una  línea y la borro inmediatamente después. Así llevo un rato  largo. Estas dos líneas han sobrevivido a la tecla SUPR… Voy tomando el  rumbo. Ánimo.

¿Por qué me siento tan pérdida?  Pues porque en este blog explico palabras chinas, su etimología y uso; escribo, por lo tanto, sobre la lengua y sus significados y en está ocasión la palabra que he elegido me altera.

Shengnu, la palabra de esta semana, oficialmente tiene cinco años de vida. El Ministerio de educación chino anunció su nacimiento, junto con otras 171 nuevas palabras, para designar a las mujeres de más de treinta años, modernas, urbanas, con un alto nivel de educación e ingresos altos, que piensan que el matrimonio no es el destino ideal de su vida.

Esta última idea es  una provocación en China, donde las mujeres se tienen que casar y tener hijos, preferiblemente varones. Por ese motivo, las mujeres cuando comienzan a pasar de los veinticinco años empiezan a acumular estrés. Los padres las presionan para que se casen, conciertan citas con hijos de otros padres e incluso se producen matrimonios concertados. Es de muy mala educación preguntar a una mujer china si tiene novio, hijos o está casada, ya que, si no es así, le recuerdas que su tiempo se está acabando.

China sería el paraíso de Gallardón, ¡toma paradoja!,  allí  “las mujeres auténticas” no sólo tienen que tener hijos sino también marido, o si no tienen que resignarse a convertirse en Shengnu. Fijémonos en la etimología de esta palabra porque es aquí donde se esconde mi irritación.

Shengnu se compone de dos palabras剩 [shèng], que significa “sobras” y  女 [nǚ], que es “mujer”; una mujer Shengu en China es una mujer inteligente, es una mujer moderna, pero es una mujer que se ha quedado sola. Es una mujer que sobra o que sólo puede ofrecer sobras, incompleta.

Aunque resulta bastante molesto encontrar este tipo de palabras, no hay que ser pesimistas: China está cambiando y pronto las mujeres y los hombres chinos trasformaran el lenguaje y lo que hoy se vive como una ofensa, dentro de unos años quizá se diga con orgullo: “Soy una shengnu, y a mucha honra”.

Un buen consejo irrita al oído (Proverbio chino) O lo que es lo mismo “Acéptalo ya, comienza a estudiar chino”

Hasta hace muy poco, cualquier padre podía ayudar a sus hijos a resolver un problema sencillo de matemáticas, una duda en lengua e incluso, los más avanzados, conocían todas las capitales del mundo. Pero ¿qué pasa ahora cuando el niñito de marras con una mano te tira insistentemente del pantalón (dato para  hacernos una idea aproximada de la edad del cuellicorto) y con la otra te enseña un cuaderno lleno de signos ininteligibles?

Sí, madres y padres, el futuro ya está aquí y se llama chino.

El problema, y no quiero asustaros, es más  complejo de lo que parece y tiene consecuencias dramáticas.

Padres y madres del mundo si no queréis enfrentaros a la desagradable experiencia de perder la autoridad paterna no ya en la adolescencia, sino cuando el nene todavía se hace pis en la cama, os recomiendo que cuando el niño os tire del pantalón, os giréis con lentitud, aspiréis hondo y con seguridad y dignidad contestéis:

Děng yīxià ó. Xiǎo bǎobèi, wǒ xiànzài hěn máng

(Cariño, espera un minuto, estoy ocupado ahora.)

o mejor aún

Wǒ zěnme bāngzhù nǐ?

(¿En qué puedo ayudarte?).

Y es que, en estos tiempos que corren, si no podemos conservar nuestro trabajo, ni comprarnos un coche nuevo y ni si quiera podemos llevar al niño al cine, por lo menos no perdamos el amor propio, el pundonor, la dignidad. Acaso no produce una satisfacción inmensa oír de nuestros mocosos: Mi padre es el mejor, sabe chino.

Y al margen de nuestra vanidad y el orgullo de nuestros hijos, ¿qué futuro les vamos a dar? Y, por lo tanto, ¿Qué futuro nos vamos a dar?

Está científicamente demostrado por la prestigiosa Universidad de Wisconsin que la falta de autoridad de los padres favorece la rebeldía de los niños, lo que produce, sin duda, adolescentes descarriados que compran drogas a la puerta del instituto. Lo que están estudiando ahora mismo en la no menos prestigiosa Universidad de Massachusetts, es qué ocurrirá si la autoridad paterna  se pierde a una edad mucho más temprana. Nadie conoce las consecuencias.  Yo estoy aterrada.

Así que, padres y madres,  comenzad a estudiar chino ya, si no  lo hacéis por vuestros hijos, ¿Por quién lo harías? Y si tampoco lo hacéis por ellos. Pensad: ¿Quién va a pagar las pensiones?

Forma y fondo en una poética china del siglo VI

El corazón de la literatura y el cincelado de dragones es un texto fundamental chino sobre poética, que no tuvo demasiado éxito en su época –siglo VI- porque su autor, Liu Xie, era crítico y no autor. En la tradición clásica china se da mucha importancia al hecho de ser autor, tanto es así que en los exámenes imperiales chinos, un poco posteriores a esta época, los opositores tenían que saber escribir poemas. Sin embargo, Liu Xie influyó, de forma no reconocida en las ideas posteriores acerca de lo que era la literatura.

De hecho, en su poética se explica cómo la forma y el contenido son dos hechos consustanciales en la literatura:“sólo cuando nace la forma nace la composición”. El debate entre contenido y forma continúa dando algún que otro quebrado de cabeza a intelectuales y escritores en Oriente y Occidente. Todavía hoy en los foros literarios se diferencia entre forma y contenido, y las posturas son muy vehementes y muy excluyentes. Liu Xie expresa su opinión en esta compleja polémica ofreciendo una solución al estilo de Confucio:

“Cuando la sustancia supera al adorno, aparece lo vulgar; si el adorno supera la sustancia, aparece el escriba; cuando sustancia y adorno se equilibran, aparece el hombre de virtud”.

Pulgasari y otros comedores de metal

Pulgasari es un monstruo legendario coreano, como el yeti o el monstruo del lago Ness, con cola de vaca, ojos de búfalo de agua, patas de león, nariz de elefante, cabeza de hipopótamo y cuerpo de oso. Cuenta la leyenda que hace miles de años, al final del reino coreano de Koryo,  Pulgasari se le apareció a una viuda que vivía en la ciudad de Songdo (hoy Kaesong). La mujer estaba cosiendo y el extraño bicho, que era por entonces tan pequeño como un escarabajo, trepó por su  cuerpo hasta que alcanzó su aguja de coser y se la comió con gran voracidad. A partir de entonces la viuda le cuidó como si fuera una mascota, alimentándole con cucharas y azadas. Pulgasari comenzó a comerse  todo el metal que se encontraba, hasta  tal punto que los campesinos intentaron frenarle porque se estaban quedando sin las herramientas de labranza. Fue en vano: lanzas, fechas y espadas rebotaban sobre su cuerpo, que ahora era tan grande como una montaña. Pero un día apareció un monje budista que, con una larga caña de bambú, derrotó a Pulgasari y la paz volvió a Corea.

Esta antigua leyenda sirvió de argumento para una película rodada por el director Shin Shang-ok  en 1985, encargada por el Presidente de la República Popular de Corea, Kim Jong-il. La película tomaba prestada la leyenda de Pulgasari para relatar los atropellos de un monarca que había confiscado las herramientas de los campesinos con la intención de fundir armas. El herrero del pueblo modela una figura de arroz, que cobra vida y se alimenta sólo de metal. Este nuevo Pulgasari lucha contra el ejército del rey. Nace así el primer monstruo comunista de la historia del cine.

El herrero modela un muñeco con arrozPulgasari es una película hecha al estilo de Godzilla, tanto es así que  el monstruo coreano fue manipulado por el mismo actor que el monstruo japonés: Kempachiro Satsuma. La película no tiene mucho interés cinematográfico, aunque si tiene valor para los amantes de la serie B, pero lo que la hace única es la terrible historia que hay detrás de su rodaje.

Corría el año 1978 cuando un agente norcoreano, haciéndose pasar por productor de cine, secuestró a la mujer de Shin Sang-ok, la actriz Choi Eun-hee en Hong Kong. Desesperado, Shin trató de encontrarla pero lo único que consiguió fue que le secuestrasen también a él y le enviasen a Pyongyang, capital de la dictadura de Corea del Norte, junto a su mujer. Lo que no podía suponer Shin es que detrás de este secuestro estaba el hijo del presidente de la república y futuro gobernante del país Kim Jong-il. El objetivo de Kim era que Shin realizase películas para él, porque sus guionistas y directores no tenían imaginación. Como se ve un objetivo vital para el desarrollo del país. Ante esta pretensión, el primer impulso de Shin fue la huida, pero le costó caro: el director se pasó cuatro años en un campo de prisioneros  comiendo arroz y hierbas y reeducándose en el pensamiento Juche, que es el sistema político y filosófico  ideado por el primer presidente de la república Kim Il Sung, padre del secuestrador. La idea principal del pensamiento Juche es que la revolución pertenece a los ciudadanos. Nosotros podemos añadir que a su vez los ciudadanos pertenecen al presidente de la república. Ante tales métodos de seducción, ¿quién iba a negarse?: Shin hizo más siete películas bajo la dirección y supervisión de  Kim Jong-il.

Antes de proseguir con el relato de este insólito secuestro, me gustaría hacer un paréntesis para poner en evidencia una curiosa coincidencia: a Stalin también le gustaba el cine, especialmente el de Hollywood. Organizaba pases privados para ver  westerns, películas de Chaplin y de Tarzan. Kim, que todavía vive, tiene otros gustos, le encanta Rambo, Viernes 13 y las películas de James Bond. Además supervisa todas las películas que se producen en su país y, según cuentan, incluso ha firmado guiones. A los españoles los guionistas caudillos no nos sorprenden porque tenemos nuestra propia versión: Franco firmó el guión de Raza bajo el  seudónimo de Jaime de Andrade en 1941.

Pero volvamos a Pulgasari y al secuestro. El rodaje se alargó mucho, y no había acabado todavía cuando Shin y Choi consiguieron un permiso para viajar juntos a un encuentro de cineastas en Viena. Una vez allí, se les presentó la oportunidad de escaparse y lograron llegar a la embajada de Estados Unidos. Habían pasado ocho años desde su secuestro. Otro director firmó la película, Chong Gon Jo, quien es de hecho la persona que aparece en los créditos.

Curiosamente, y aviso de que va un spoiler,  Pulgasari, el primer monstruo comunista,  se vuelve al final de la película contra el pueblo. Al lector quizá esto le recuerde a un hecho histórico. Nos alejamos del mundo de las leyendas y cambiamos de escenario, para trasladamos al país vecino de Corea, China. A finales de los años cincuenta, Mao Zedong aplicó una serie de medidas económicas, políticas y sociales bautizadas como el Gran Salto Adelante, que consistió en la organización de miles de comunas para la producción de acero. La idea era aprovechar el excedente de mano de obra chino para situar al país como el máximo productor mundial de acero, por encima de Gran Bretaña. Así que en la parte de atrás de las casas de los campesinos se construyeron miles de hornos donde se fundieron azadas, cucharas, wok, palas y todos los utensilios domésticos y del campo. El tiempo dedicado a este trabajo, el abandono de las tareas del campo, la fundición de las herramientas  y la mala calidad del acero hicieron que esta empresa resultara un absoluto fracaso y la consecuencia inmediata fue la mayor hambruna de la historia de China. Se habla de la muerte de entre quince y  treinta millones de personas.

Tras este amargo apunte sobre el comedor de acero Mao Zedong, tenemos que acabar diciendo que Shin Shang-ok se trasladó a Hollywood y se convirtió en un productor de éxito con películas como Las tortugas Ninjas. No volvió a dirigir, a pesar de que había sido comparado con Orson Welles antes de su secuestro y que fue también el director que rodó el primer beso de la historia del cine coreano.