剩女 [QUEDARSE PARA VESTIR SANTOS]

No sé cómo comenzar este artículo. Escribo una  línea y la borro inmediatamente después. Así llevo un rato  largo. Estas dos líneas han sobrevivido a la tecla SUPR… Voy tomando el  rumbo. Ánimo.

¿Por qué me siento tan pérdida?  Pues porque en este blog explico palabras chinas, su etimología y uso; escribo, por lo tanto, sobre la lengua y sus significados y en está ocasión la palabra que he elegido me altera.

Shengnu, la palabra de esta semana, oficialmente tiene cinco años de vida. El Ministerio de educación chino anunció su nacimiento, junto con otras 171 nuevas palabras, para designar a las mujeres de más de treinta años, modernas, urbanas, con un alto nivel de educación e ingresos altos, que piensan que el matrimonio no es el destino ideal de su vida.

Esta última idea es  una provocación en China, donde las mujeres se tienen que casar y tener hijos, preferiblemente varones. Por ese motivo, las mujeres cuando comienzan a pasar de los veinticinco años empiezan a acumular estrés. Los padres las presionan para que se casen, conciertan citas con hijos de otros padres e incluso se producen matrimonios concertados. Es de muy mala educación preguntar a una mujer china si tiene novio, hijos o está casada, ya que, si no es así, le recuerdas que su tiempo se está acabando.

China sería el paraíso de Gallardón, ¡toma paradoja!,  allí  “las mujeres auténticas” no sólo tienen que tener hijos sino también marido, o si no tienen que resignarse a convertirse en Shengnu. Fijémonos en la etimología de esta palabra porque es aquí donde se esconde mi irritación.

Shengnu se compone de dos palabras剩 [shèng], que significa “sobras” y  女 [nǚ], que es “mujer”; una mujer Shengu en China es una mujer inteligente, es una mujer moderna, pero es una mujer que se ha quedado sola. Es una mujer que sobra o que sólo puede ofrecer sobras, incompleta.

Aunque resulta bastante molesto encontrar este tipo de palabras, no hay que ser pesimistas: China está cambiando y pronto las mujeres y los hombres chinos trasformaran el lenguaje y lo que hoy se vive como una ofensa, dentro de unos años quizá se diga con orgullo: “Soy una shengnu, y a mucha honra”.

Tóngxìngliàn [Homosexual]


En chino el término tóngxìngliàn 同性恋 significa homosexual, la traducción literal es “amor del mismo sexo”, que no se diferencia mucho de nuestro término, homosexual; en broma, los  homosexuales chinos se llaman a sí mismos “camaradas” 同志(tóngzhì). Otra forma de referirse a los gays es玻璃 (bōli), que en español significa “cristal”, aunque en este caso es como decir “maricón”. No sé exactamente el origen de la palabra: unos dicen que es por la forma de la copa de cristal que recuerda a una mujer; otros creen que es por la supuesta fragilidad de los gays y quizá la teoría más plausible es aquella que dice que boli se origina del acrónimo inglés BL (Boys Love). En Taiwán, el país chino no comunista, los chinos gays se han reapropiado del término y se ha convertido en una palabra de uso corriente.

Para hablar de las lesbianas en concreto se usa el préstamo del inglés lesbian 蕾丝边 lěisībiān y el término拉拉Lā lā. Este último se usa mucho en Internet y tampoco se sabe con precisión su origen, pero quizá tenga que ver con que el carácter 拉, que es el verbo que utilizan para tocar instrumentos de arco.

Los países comunistas, aunque pueda parecer una paradoja, han sido contrarios a la homosexualidad. Durante los años de la revolución cultural se consideraba una perversión capitalista. Hoy no está prohibido ser gay en China y el gobierno se ha inclinado por una política de tolerancia, aunque silenciosa. Esta actitud no erradica la discriminación y sobre todo no permite pensar en otras alternativas que no sean las del pensamiento tradicional chino, cuyo pilar fundamental es la familia. Durante mi viaje a China, fuera de las grandes ciudades, todas las personas que conocí o eran homófobas o, aunque lo toleraban, no lo comprendían.

En Dali, un pueblo chino de la provincia de Yunnan, conocí casualmente a una pareja de homosexuales en el hotel donde vivía. Entraron un poco bebidos y uno de ellos pidió una habitación para esa noche; inmediatamente después, uno de ellos me miró, e hizo una broma nerviosa sobre que su compañero era su esposa.  Les contesté que mi hermano también tenía una esposa, pero que la suya era notablemente más guapa. Nos echamos a reír. Estuvimos charlando durante horas y todavía recuerdo la cara de pasmo cuando se enteraron que en España se podrían casar.

Pocas veces me siento orgullosa de ser española, no porque tenga nada contra España, ni mis compatriotas, sino porque no me identifico con lo que Beatriz Preciado llama las “bioficciones políticas”, es decir, las construcciones que otorgan identidades absolutas. En cualquier caso, como  decía Pericles, o tal vez lo dijera su mujer Aspasia, que al parecer era la que le escribía los discursos, más que estar orgullosos del lugar donde hemos nacido, hemos de estar orgullosos de las leyes que nos hemos dado a nosotros mismos.

Ài (Amar)


Esta semana me gustaría llamar la atención sobre el carácter chino para la palabra “amar”. Antes de analizar su etimología, tengo que advertir que estoy utilizando el carácter tradicional. En China, la escritura ha evolucionado a través de una serie de reformas cuya intención era simplificar la memorización y el manejo de los caracteres.  En el siglo XX, algunos sinólogos llegaron a defender la desaparición de los caracteres y su sustitución por el pinyin, que es el sistema de transliteración que usamos los que estudiamos chino para saber cómo se pronuncia una palabra. El carácter “amar”, por ejemplo, se escribe 愛, y su pronunciación romanizada, es decir, su correspondencia en  pinyín, es “ài” (en español se pronunciaría como el  “ay” que nos sale cuando sentimos dolor).

Cuando el Partido Comunista se hizo con el poder en China, realizó diversas reformas de la lengua, entre ellas una radical simplificación de los caracteres. En los libros, revistas y comunicados se comenzó a usar la nueva grafía, que  es la que se emplea en las escuelas y universidades de  la China actual.  De este modo, el carácter simplificado de amar es 爱, mientras que el tradicional es 愛. Como se ve, el primero tiene menos trazos. En algunos casos, la diferencia es más llamativa por ejemplo en el verbo “conocer”, que en el simplificado es 认识, mientras que en el tradicional es 認識.Fuera de la China comunista, en Taiwán y en Hong Kong hasta que dejó de ser colonia inglesa, se usaban los caracteres tradicionales; en Singapur  y Malasia se pueden encontrar los dos tipos de grafías.

Volviendo a la palabra de esta semana, 愛 [ài], he preferido el carácter tradicional porque en el proceso de simplificación se ha quitado el elemento que proporcionaba la mayor parte del significado:  心 [xīn], que significa corazón, pero también “el interior de la persona”, lo que incluye el pensamiento.

En otras ocasiones he dicho en estas páginas que me gustaba encontrar similitudes entre nosotros y los chinos; sin embargo aquí hay una diferencia importante. En China la separación entre mente y corazón no existe, ni son conceptos contrapuestos, sino que son casi lo mismo.  Podríamos decir que los chinos aman con el corazón y la cabeza; hay quien asegura que esto se debe a que los chinos creen que los sentimientos se pueden entender y por lo tanto dominar.  Por eso, también se ha sugerido que tradicionalmente el pueblo chino ha sido manso y  capaz de admitir abusos como los matrimonios concertados; una práctica que el Partido Comunista prohibió en los años cincuenta. Se ha llegado, finalmente, a afirmar que incluso que el amor romántico no ha existido en China hasta ahora, pero si juzgamos este hecho por lo que nos ofrece la literatura clásica china, debemos decir que es una afirmación falsa: existe un género para referirse a las historias de amor, caizi jiaren ( 才子佳人) que se traduce como “Muchacho de talento y hermosa doncella”. Todas estas explicaciones sociológicas son bastante discutibles, no sólo porque en casi todas partes se han aceptado los matrimonios concertados, por ejemplo en India, donde sólo recientemente se están poniendo en cuestión, sino también en Europa hasta el siglo XIX e incluso el XX.

Si pienso en mi experiencia en China, sólo puedo decir que he notado que los chinos no suelen exhibir públicamente sus sentimientos amorosos; es raro que se cojan de la mano, que se besen en la calle o que se lancen en un fogoso abrazo al dar la bienvenida en un aeropuerto. Esto no significa que al amor romántico no exista en China, de hecho, presencié dos momentos tremendamente intensos: un hombre llorando a gritos de desesperación durante toda una noche porque su novia le había dejado y a un chico con la mirada perdida apostado en frente de un hotel durante días por la misma razón.

Si volvemos otra vez a la palabra amar, en la parte superior del carácter, podemos observar este componente: 爫. Se trata de una mano extendida hacia abajo, es decir, una garra. Me resulta cuanto menos llamativo encontrarme una garra en la palabra amar. No sé a qué se debe y qué significa realmente, si bien me hace reflexionar  sobre el concepto del amor aquí y allí: el amor implica agarrar (poseer) a la persona querida. Me temo que sí, que esta connotación es casi universal. Frente a esa noción tan extendida, hay personas que han reflexionado acerca del amor y nos han propuesto otra manera de amar: hablo de Erich Fromm que en su ensayo El arte de amar nos muestra que el amor se debería basar en la libertad. Esto sí que es un reto complicado, ahora, al revisar el libro, veo que Fromm pregunta a cuántas personas conocemos que tengan esa capacidad de amar. En mi caso, puedo responder que sólo he conocido a una.

Xiaodian (Tienda o bazar)

En chino 小店 xiaodian es la palabra para decir tienda o bazar. Se compone de dos caracteres: el primero es xiao, que significa pequeño, y el segundo es dian, que quiere decir tienda. El carácter dian está compuesto por dos elementos (广 y 占); el primer elemento significa refugio y es lo que proporciona el significado al carácter. Por lo tanto podemos decir que en chino tienda es “pequeño refugio”.

El otro día me contaron una historia que transcurrió en uno de estos pequeños refugios. No se trataba de una leyenda urbana cómo la que surgió con mucha fuerza hace algunos años y respondía al funesto interrogante: ¿Qué hacen los chinos con sus ancianos? Esta historia ocurrió de verdad y fue relatada por su protagonista.  Nuestro personaje o mejor dicho la amiga de mi amigo, porque insisto, esta historia ocurrió de verdad, se llama Elena y es una mujer simpática, energética, graciosa y muy atractiva. Pues bien Elena contó la siguiente historia.

—Como sabéis, con esto de la crisis, el local de arte que tenía con mi chico, lo he transformado en un bar de copas.

(De diseño moderno y muy caro, de pijo siglo XXI, con zapatillas de deporte, sin mocasines, sin gomina)

[Las acotaciones entre paréntesis, las añado para contextualizar la historia y por  diversión, que, entre otras cosas, es para lo que sirve la literatura y contar historias]

—Hace unas semanas fui a un almacén chino porque necesita comprar 200 vasos. Me habían hablado de estos proveedores  desde hacía tiempo, pero la verdad yo no sé qué pensar de los chinos, te voy a contar lo que me pasó.

(Elena se dirigía a mí porque necesitaba un esclarecimiento, como diría Watson, de los hechos ocurridos en aquel almacén chino y yo, sin quererlo pero gustosamente, me había convertido en una Sherlock Holmes del mundo chino; esto es sencillo de explicar: desde hace tiempo soy estudiante de la cultura y la lengua de China y acabo de regresar de allí, tras una estancia de nueve meses.)

—Llegué al almacén y me recibieron un hombre y una mujer que sospechosamente no paraban de sonreír. ¿A qué venían esas sonrisas?  Me hicieron caminar por unos largos pasillos hasta llegar a una trastienda destartalada y con gestos me señalaron un viejo sillón que estaba en la esquina, debajo de una estantería a punto de caerse.

No sin pensármelo mucho, me senté en el borde del sillón como una dama sureña.

(A estas alturas de la narración, por el tono, las pausas y la expresividad de la narración, daba la impresión de que de repente de ese sillón iban a salir unos brazos mecánicos y atrapar para siempre a nuestra pobre Elena.)

Elena prosiguió:

—Los chinos me ofrecieron un té mugriento y entre ellos hablaban una lengua que no comprendía.

(Me atrevo a suponer que podría tratarse de chino.)

—Lo peor de todo ocurrió, cuando uno de ellos, siempre sonriendo, se acercó a mí mientras se metía la mano en el bolsillo del pantalón y me ofreció un CIGARRILLO, que yo, por supuesto, rechacé. Ana, de verdad, ¿cómo interpretas está situación? Porque yo estoy segura que estos cigarrillos estaban envenenados.

La miré muy seriamente y le dije: “Sí, estaban envenenados”.

No estoy segura que sea cierto aquello de que la realidad supera a la ficción, lo que sí que creo es que la realidad tiene mucho de ficción y que en un “chino”, en una tienda china, uno puede encontrar no lo que hay allí, sino lo que hay en su propia cabeza.

Guanxi

关系 (guānxi)

(Guanxi)

En la china de 2012 los chinos siguen su vida diaria con la inconsciencia de no saber que pronto serán los nuevos dueños del mundo. Algunos sí que se han enterado: los privilegiados, es decir los miembros del Partido y los hombres de negocios, que suelen pertenecer al mismo club, círculo, espacio, ámbito, vamos que son los mismos.

Tuve este otoño la enorme suerte de toparme con una típica situación china, que me habían relato en  innumerables ocasiones y de la que se han escrito tratados, tesis y hasta libros. A pesar de ser tan conocida, la situación que  presencié suele tener carácter semiclandestino y no suele producirse en presencia de una laowei. Con este término, los chinos se refieren a los extranjeros que viven en su país; curiosamente este término al igual que “sudaca” o “maricón” está siendo en estos días reivindicado por los aludidos. Ya se ve que los chinos no son tan diferentes como nosotros y ellos solemos pensar.

El suceso ocurrió en una mañana fría de noviembre. Me acababa de duchar cuando alguien llamó a mi teléfono; era tan pronto que por supuesto dejé que sonará y no lo cogí. Esta situación de alguien llamándome a horas intempestivas me ocurría en China con relativa frecuencia y, excepto una vez, el resto de las veces dejé, impasible, que el teléfono sonara. No pasaron ni cinco minutos y de repente alguien aporreó la puerta de mi habitación con insistencia y energía gritando mi nombre con idéntica insistencia y energía: “Ana, Ana”.

Era mi amigo Yang Wen. La última vez que nos vimos me había dicho que iba a dejar de fumar con un convencimiento muy propio de él; Yang Wen es artista así que hay mucha teatralidad en todo lo que hace. Me miró a los ojos fijamente y me dijo: lo dejo para siempre. No sé porque tomó esta decisión tan drástica, él que es un fumador de los que encienden un cigarrillo mientras el que se acaba de fumar está agonizando en el cenicero. Tampoco entendí porque me ofrecía a mí el homenaje de ser la testigo de tan grave decisión.

La cosa es que el día del suceso mi amigo se precipitó en mi habitación con una humareda espesa detrás de él, evidentemente no dije nada sobre aquella promesa solemne, sobre todo porque le noté nervioso y no tarde en enterarme de la causa: mi amigo me explicó que había pasado el fin de semana con dos líderes, es decir, dos miembros del partido, en la montaña del Pie de Pollo, una montaña de peregrinaje budista.

Llevaba ya tiempo en China y no me sorprendía que el tocino se confundiera con la velocidad, es moneda común en china la mezcolanza. No pasa nada: puedes ser budista, maoísta, líder comunista y ambicioso. Todo tiene sentido en la nueva China. En realidad, siempre  ha sido así, y no sólo en China, lo que pasa es que ya no se disimula ni se siente pudor porque nadie se lo plantea como una contradicción.

Mi pobre amigo se había pasado cuarenta y ocho horas pelando frío en la cumbre de esta montaña,  que está por encima de las nubes,  pintando sin parar hasta el punto que  le dolían los ojos. No me puedo imaginar el frío que debió pasar. No sé de que hablaron en aquella cima helada, mientras mi amigo pintaba cuadros a las órdenes de estos tipos, sólo sé que yo formé parte de esa conversación y que, en esos momentos, a las nueve de la mañana, entre un humo espeso, mi amigo me convenció para ir a conocer a los dos líderes.

En China, no para todos, pero sí para muchos, ser amigo de un occidental te da un toque de distinción. No sé que les contó exactamente mi amigo sobre mí, pero cuando llegué a su hotel y entré en la habitación, ellos amablemente me ofrecieron té y me hablaron de quiénes eran y de los planes que tenían para Yang Wen. Sin saberlo, estaba cerrando el círculo de un proceso que había comenzado semanas antes: mi amigo estaba lanzando el guante a estos dos guanxi.

Guanxi es una palabra china formada por dos caracteres, 关(guan) significa cerrar y 系(xi) conexión  y se puede traducir como “relaciones”, si bien, el término en China se refiere a una red de conexiones y favoritismos, que todo el mundo conoce, que todo el mundo usa  y soporta, claro.  Si quieres montar un negocio, por ejemplo, puedes seguir los cauces legales o conseguir un guanxi que hará que todos los permisos sean más rápidos y eficaces. Es evidente que no todo el mundo está de acuerdo con este sistema al margen de la ley y que incluso tener una dependencia de este tipo puede hacerte perder más que ganar, porque los guanxi no son gratuitos y el favor se paga con favor: dinero si tienes dinero, en forma de sobornos, regalos o comilonas. O en el caso de mi amigo, dejándose las pestañas en aquella montaña.

“Belleza humilde” en China

diccionario chino-personal-español)

甜美 tiánměi es una palabra china compuesta por dos caracteres: el primero de ellos 甜tián significa dulce y el segundo 美měi se traduce como bella o belleza. Esta palabra sólo se emplea referida a las mujeres y además de expresar dulzura y belleza, también significa que esa persona es cercana, amable y que se puede hablar fácilmente con ella.

Esta expresión me recuerda a la clasificación que mi amigo Alfonso tiene de los tipos de belleza femeninos: una mujer 甜美 tiánměi sería una belleza humilde.

Una investigación sobre VIAJE AL OESTE (2)

APUNTES DE LECTURA Segundo capítulo

COMPRENSIÓN TOTAL DE LA EXTRAORDINARIA DOCTRINA DE SUBODHI: LA CONDUCCIÓN DE MARA Y LA VUELTA A LOS ORÍGENES CONDUCEN A LA UNIDAD DEL ESPÍRITU.

El primer capítulo de Viaje al Oeste acababa con que el Rey Mono conocía al inmortal Subodhi, lo que no había dicho es que este inmortal le da un nombre al Rey Mono: Sun Wu-Kung. Total que Sun Wu-Kung se pasó un tiempo con Subodhi , que es uno de los maestros de la meditación del vacío,  y los demás discípulos aprendiendo alguna cosilla muy útil como memorizar escritos sagrados,  caligrafía y la quema de incienso. Así pasa el tiempo, unos cincuenta años… Total ná. También aprenden algo de teoría como la doctrina de los tres medios (triyana).

La parte cómica del asunto llega un día en que el Rey Mono está escuchando la doctrina del patriarca y comienza a saltar emocionado ante lo que escucha. Esta parte de la historia es muy cómica. Todos se quedan extrañados ante  el comportamiento de Sun Wu-Kung, pero lo curioso es que el Patriarca no parece sentirse molesto y  le pregunta qué doctrina quiere aprender.

Aunque ya se veía  venir en el primer capítulo, a partir del segundo ya te das cuenta que el Rey Mono es un cachondo mental.  El diálogo que mantiene con el maestro es muy gracioso porque el rey mono no entiende ninguna de las paradojas que el maestro le dice. Pongo un ejemplo:

– ¿Qué te parece si te enseño la práctica de la División del Silencio? – sugirió, una vez

más, el Patriarca.

– ¿Cuál es su finalidad? – preguntó Wu-Kung.

– Cultivar el ayuno y la abstinencia, la quietud y la inactividad, la meditación y el arte

de cruzar las piernas, el control del idioma y la dieta vegetariana – explicó el Patriarca -.

Para su consecución se aconsejan prácticas de yoga, series de ejercicios en posición

erecta o en decúbito, inmersión en un estado de absoluta quietud, meditación individual

y cosas por el estilo.

– ¿Puede todo ello proporcionar la inmortalidad? – insistió Wu-Kung.

– Esas prácticas en nada aventajan a la utilidad de unos ladrillos que todavía se hallan

por cocer en el interior de un horno – respondió el Patriarca .

– ¡Cuidado que os gusta perder el tiempo conmigo, maestro! – exclamó Wu-Kung,

soltando la carcajada -. ¿No acabo de deciros que desconozco totalmente el modo de

hablar de la gente ordinaria? ¿Qué queréis decir con eso de ladrillos que todavía se

hallan por cocer en el interior de un horno?

– Es posible que las tejas y ladrillos que se encuentran dentro de un horno tengan ya la

forma que les es propia – respondió el Patriarca -. Pero si no son purificados por el

fuego, cualquier lluvia torrencial puede destruirlos el día menos pensado.

Finalmente llegan a un acuerdo que no os voy a contar aquí porque es mejor leerlo. Eso sí el maestro le descubre (y nos descubre a los lectores)  cómo llegar a la inmortalidad. La cosa consiste en no derramar el semen, ni el aliento ni el espíritu.

Al final del capítulo, el Rey Mono ya domina las sesenta  y dos transformaciones e incluso sabe volar.  Los demás discípulos le piden que haga una demostración, él se siente halagado y decide transformarse en lo que le digan. ¿Sabéis lo que le piden? Que se transforme en pino. En un pino. Vaya ocurrencia.

Al Patriarca le molesta muchísimo que utilice los poderes para hacer esas demostraciones y le echa de la academia, así acaba el segundo capítulo.