El dao de la traducción 1

Caracter daoEsta es la primera entrada sobre la traducción de El arte de la guerra, incluida dentro del ensayo El arte del engaño. Al modo de una novela por entregas, entrada por entrada, iré contando al lector la apasionante aventura que ha sido traducir este clásico de la literatura junto a Daniel Tubau. Empezaré por la traducción de un término conocido por muchos lectores aficionados a la cultura china: 道dào.

 

daodejingEn la China antigua dao era una palabra usada y conocida. Confucio la utiliza en sus Analectas y también forma parte de título de quizá la obra más conocida de China junto a El arte de la guerra, el Daodejing, el libro más importante del taoísmo.

La traducción de dao ha sido un rompecabezas porque es una palabra y un  concepto complejo. Como muchas palabras de todos los idiomas, tiene connotaciones y significados metafóricos. En chino clásico, dao puede ser camino, vía, curso, gobernar, modelodecir, explicar, arte, etc.

Pues bien, la primera aparición de dao (道) la resolvimos sin mucha dificultad.

La guerra es
lo más importante
para el estado,
el terreno de la vida
y de la muerte,
el camino (道) a la supervivencia
o la desaparición.

No puede ser ignorada.

En este caso optamos por camino porque nos pareció interesante mantener el juego conceptual y el paralelismo entre:

terreno (地) de la vida y de la muerte”

camino (道) a la supervivencia o la desaparición”.

Es un sentido de camino que hace que el espacio geográfico (camino, terreno) sirva como metáfora del tiempo en el que transcurren los acontecimientos: el terreno en el que los soldados están entre la vida y la muerte, el camino que va desde la existencia hasta la desaparición o supervivencia de los estados.

El problema llegó un poco después cuando nos encontramos con el segundo dao.

CONTINUARÁ

Kokoro, Natsume Soseki

«Creo que fue a mediados de octubre cuando un día me levanté tarde y por eso fui a clase apresuradamente, sin haber tenido tiempo de cambiarme a la ropa occidental» (Kokoro) 

Los barcos norteamericanos que llegaron a Japón eran llamados "barcos negros" porque eran buques de vapor.

El comodoro Matthew C. Perry fue enviado a Japón por el presidente Millard Filmore al mando de cuatro buques de guerra, entre ellos dos fragatas de vapor. Primero se quedaron en Uraga durante diez días. Más tarde regresaron con una flota más grande compuesta por seis barcos con más de cien cañones montados. Estos barcos fueron conocidos en Japón como «barcos negros» porque el casco era de ese color.

Tokio, año 1900, Natsume Soseki parte rumbo a Inglaterra desde el puerto de Yokohama, en el que siete años atrás había fondeado la flota de barcos negros comandada por el comodoro Perry y cuya presencia había obligado a Japón a romper el aislamiento con la comunidad internacional y abrirse comercialmente al mundo. Soseki hacía ahora el viaje a la inversa, enviado por el gobierno japonés a Londres para profundizar en el conocimiento de los ingleses, dejando atrás un país en transformación y a su mujer embarazada.

El viaje duraba dos meses a través de  una ruta por Singapur, India, Egipto, Italia y Francia. Cuando partió, ya  era un hombre con cierta experiencia del mundo y parece ser que tenía un carácter independiente y contracorriente. Por poner un ejemplo de su singular personalidad, muchos expertos y amigos de la época no se explican por qué decidió, cuando terminó la universidad, aceptar un trabajo de profesor de provincias en Matsuyama, cuando tenía la posibilidad de conseguir un puesto mejor y, sobre todo, con mayor prestigio social. Sin duda, la elección de este hombre como emisario de Japón en Inglaterra, ha significado mucho para las letras japonesas e incluso para el propio Soseki como analizaré más adelante, a pesar de que no quería aceptar esta misión y que la experiencia londinense fue bastante dura.

Después si trabajaría como profesor en la universidad, pero también lo dejaría para incorporarse al periódico Asahi, donde publicaría por entregas Kokoro. Los comentaristas de su obra no se explican la toma de decisiones de Natsume Soseki. Dejar la universidad para coger un trabajo en el periódico, era una mala decisión para la época.

 

Los viajes al extranjero se habían iniciado en la época del Shogunato, se estima que antes de la Restauración Meiji, unos 150 estudiantes viajaron a diferentes ciudades europeas. El objetivo era obtener conocimiento científico y tecnológico con vistas a adquirir el saber suficiente para desarrollar una fuerza militar poderosa. Después de las guerras del opio en China, la firma de los Tratados Desiguales y, por lo tanto, la humillación de China, los japoneses entendieron que debían conocer esa forma de hacer la guerra que era tan superior. De hecho, en 1853, la forma amenazante de la segunda visita del comodoro Perry apuntando con cien cañones el puerto de Yokohama parece darles la razón.

Japón inició la modernización empujado por la amenaza y pasó de un sistema feudal a un gobierno central gobernado por el emperador Meiji y fuertemente influenciado por la manera en la que se organizaban administrativamente Holanda, Alemania, Francia e Inglaterra. La victoria japonesa sobre la rusa zarista de principios del siglo XX, sorprendió a las naciones europeas y significó para muchas de ellas la entrada de Japón en la modernidad. Aunque algunos escritores de la época, deploran las razones de ese cambio de perspectiva, como Okakura Kakuzo: «Se había acostumbrado a considerar el Japón como un país bárbaro, mientras en él no se practicaban más que las artes pueriles de la paz; hoy se lo considera como un país civilizado, desde que se ha empezado a practicar el asesinato en gran escala en los campos de Manchuria».

Okakura fue, como Soseki, un intelectual de la época Meiji, si bien, adoptó una postura  diferente, ya que ante la influencia occidental optó por promocionar y enseñar a los occidentales las formas tradicionales japonesas. La idea de preservar la esencia japonesa de Okakura y otros intelectuales japoneses alimentó, por otro lado, las posturas nacionalistas extremistas. La postura de Soseki respecto a Occidente era también crítica: rechazaba la imitación  indiscriminada, pero no defendía la esencia japonesa. De hecho, todo lo que oliera a oficialismo le repelía, además,  Soseki no mostraba mucho interés por la historia, a diferencia de Mori Ogai o Akutagawa Ryunosuke. Esta falta de interés  podría ser la causa del rechazo a las posturas nacionalistas y sobre todo explicar su impulso en la búsqueda del individualismo. En este sentido, respecto a la literatura japonesa y occidental, Soseki decía: «Desafortunadamente, en la literatura, no creo que poseamos nada en nuestro pasado que podemos comparar con orgullo con la literatura de Occidente».

Soseki llegó a Londres a finales de septiembre de 1900, en una época en la que la reina Victoria regía el imperio más extenso de la historia: «los dominios de su majestad donde el sol nunca se pone» como escribió Christopher North. Si bien ese imperio iniciaba su decadencia, y Alemania y Estados Unidos pugnaban por un puesto en primera línea del mundo.

Picadilly Circus, 1900

Picadilly Circus, 1900

En el Londres de aquella época se necesitaba dinero para vivir entre los notables y la asignación con la que el  gobierno japonés dotaba a  Natsume Soseki era insuficiente. Soseki escribió con cierto amargura acerca de su estancia en la ciudad más poblada del planeta: «Los dos años que pasé en Londres fueron desagradables (…). Yo era como un perro callejero entre caballeros ingleses». Soseki observó que la sociedad inglesa estaba excesivamente controlada por el dinero y, movido por el resentimiento o quizá por la clarividencia, se dio cuenta de que no merecía la pena imitar las formas de vida de aquellos «jóvenes caballeros ingleses». Además de llegar a esta conclusión, en aquellos días, inició una investigación acerca de lo que era la  literatura: «Lo que llamamos literatura en el ámbito de los clásicos chinos y lo que se llama literatura en inglés debe pertenecer a dos diferentes categorías y no se puede subsumir en una sola definición (…). Ante esta situación, decidí, resolver la cuestión más fundamental: ¿Qué es la literatura? Al mismo tiempo, me hizo decidirme usar mi año restante (en Londres) como una primera etapa para llevar a cabo mis investigaciones sobre este problema».

La situación precaria en Londres, además del rechazo a la imitación de las maneras inglesas, provocó un fuerte aislamiento del escritor, que se pasó casi los dos años en su habitación leyendo de forma voraz, lo que lo convirtió en un hombre solitario y excéntrico. Tan excéntrico que uno de sus compatriotas informó al Ministerio de Educación japonés de que Soseki se había vuelto loco.

La soledad no solo fue un rasgo de la personalidad del escritor, también se refleja en su trabajo literario. En Kokoro, Soseki pone en boca de Sensei una reflexión acerca de los hombres que viven en la sociedad Meiji: «La gente de hoy, nacida bajo el signo de la libertad, la independencia y la autoestima, debe, en justa compensación, saborear siempre esta soledad». Soseki había llegado a la conclusión, a partir de su conocimiento de los dos mundos, Gran Bretaña y Japón,  de que el corazón del hombre es siempre solitario.

A pesar de su experiencia en Londres, Soseki supo transformar esa crisis y la tensión Occidente-Japón en algo nuevo, logró crear una nueva cultura fruto del mestizaje, apoyado en una investigación honesta e independiente.  Lo  que hizo que este viaje fuera tan trascendente para su vida y su trabajo es que en Londres entendió el significado de la búsqueda personal de «un sueño». Lo que hizo fue reafirmar de alguna forma lo que ya estaba  en él, pues, como se ha señalado,  Soseki muy pronto demostró tener una forma de ser muy independiente y, como buen conocedor del confucianismo, estaría profundamente influido por el neoconfucianismo de Zhu Xi, muy popular en Japón, y que puede llegar a chocar con las reglas sociales del confucianismo con su insistencia en ser honesto y seguir la propia fe.

Aplicado a la literatura, este seguimiento de un camino propio y la búsqueda del significado de la literatura, hizo que Soseki escribiera sus trabajos como una suerte de experimentación. Su primera novela, Soy un gato, responde a esta actitud en la que el autor escribe en primera persona, pero elige un gato como punto de vista. Kokoro es considerada su obra más importante. En ella están muchas de sus ideas y además es un reflejo de las tensiones de la vida japonesa en la época Meiji, en la que un estudiante japonés que viviera en Tokio se levantaba de la cama en quimono pero salía de casa vestido con traje. Soseki expresa en Kokoro esa convivencia de la tradición japonesa y las nuevas maneras occidentales: «Creo que fue a mediados de octubre cuando un día me levanté tarde y por eso fui a clase apresuradamente, sin haber tenido tiempo de cambiarme a la ropa occidental». Con una sutileza exquisita nos dice mucho sobre el protagonista de Kokoro solo aludiendo a su ropa, como cuando el protagonista utiliza quimono, cuando está con sus padres, que representan la tradición, o como cuando en el hospital guarda la carta de Sensei… en las mangas del quimono.

Kokoro, 1914

Kokoro cuenta en primera persona la historia de la amistad del narrador con una persona mayor que él, al que decide llamar Sensei (maestro en japonés) y  la mujer de este. En las dos primeras partes  se narra el encuentro con este hombre y el viaje del protagonista a casa de sus padres, ya que el padre está enfermo. La tercera parte es muy distinta, se trata de una carta que Sensei dirige al protagonista; en ella, confiesa una traición de juventud, que le ha perseguido durante su vida y que le ha conducido al suicidio.

Si buscamos la huella del confucianismo en Kokoro, la encontramos en muy diversas formas. En primer lugar, el confucianismo se localiza en la aldea, donde viven sus padres. Soseki contrapone la aldea con la ciudad y la generación de los padres, más tradicional, con la del protagonista. En un momento de la novela, Soseki escribe: «cada vez que yo volvía a casa, me traía de Tokio aspectos novedosos que mis padres ni apreciaban ni entendían. Lo diré con un ejemplo clásico, era como si trajera el olor del cristianismo a la casa de un confuciano». En otro momento, cuando el padre está moribundo, Soseki pone en boca del protagonista una reflexión sobre el deber filial: «También pensábamos que, si no iba a vivir, era mejor que el fin llegara cuanto antes. Era como si estuviéramos acechando su muerte. Nuestro deber filial, sin embargo, nos impedía reconocerlo. Así y todo, sabíamos muy bien lo que pensaba el otro.» Estos son aspectos muy concretos del confucianismo, si bien, la actitud final de Sensei en la novela parece estar muy de acuerdo con las ideas neoconfuncianas de Zhu Xi de la búsqueda de un camino propio para la redención. El filósofo chino pensaba que el hombre era bueno por naturaleza a pesar de hacer cosas malas. Soseki pensaba que el hecho de escribir una carta confesando la traición a su amigo y dirigirla a su joven amigo –el protagonista- de alguna forma le redimía, ya que intentaba enseñarle algo. Parece que Sensei encuentra su propio camino para hacer el bien.

El bien y el mal es uno de los temas de Kokoro, al igual que es uno de los temas de la ética confuciana. En una de las charlas del protagonista con Sensei, el primero da por supuesto que los hombres de campo son todos ellos buenos, pero el maestro le replica: «En realidad, la gente de los pueblos tiende a ser peor que la de la ciudad». Para añadir más adelante:«Crees que hay una especie de personas malas? Vamos a ver: la gente no sale hecha de un molde, o algo así, de personas malas. Generalmente, todas son buenas. Por lo menos, son normales. No obstante, en un momento dado, inesperadamente, la persona buena se convierte en mala. Es terrible. Por eso no hay que descuidarse ». Aquí parece notarse de nuevo la huella de Mencio y Zhu Xi.

En la novela aparece también el cristianismo, el budismo e incluso uno de los protagonistas, K, quiere leer el Corán. El cristianismo estuvo prohibido en Japón porque se consideraba el primer paso para el colonialismo.  Así lo explica M. Shibata  en Escrito en las cinco ruedas: «España envía primero a los misioneros para transmitir el cristianismo a un pueblo. Cuando los fieles son numerosos, España envía a los militares quienes, aliados con los fieles, pueden conquistar fácilmente esos países».

En la novela, el suicidio es un tema central. Sensei termina suicidándose y es al final de la novela cuando entendemos las razones de su carácter y el porqué de ese suicidio: se siente culpable por la traición a su amigo K. Según Jay Rubin, Soseki rechaza el suicidio como resolución de los problemas, pero, en cambio, la redacción de un testamento sincero como el que hace Sensei, en el que se describe algo auténtico con la intención de enseñar, ese propósito sí le parece bien. Además en la novela aparece el suicidio del general Nogi Maresuke, que se quito la vida junto a su esposa siguiendo el ritual samurái del junshi, que consiste en cometer suicidio siguiendo a tu señor, en este caso, al emperador Meiji y, de esta manera, redimirse.

El suicidio de este general afectó profundamente a la sociedad japonesa y Soseki lo refleja de manera directa cuando Sensei decide suicidarse siguiendo su ejemplo,  es decir, «siguiendo a su señor» (K, que también se ha suicidado siguiendo su estricta ética de bonzo del deber, el castigo y la culpa), hacia el Sensei siente una admiración y un complejo de culpa quizá injustificados. La causa real de todo lo sucedido es el silencio, las cosas nunca dichas, que van precipitando los acontecimientos hacia la fatalidad. Soseki parece lamentar en varias ocasiones ese rasgo «tan japonés» en Kokoro, como cuando Sensei no es capaz de expresar sus sentimientos por la señorita:«Tenía la fuerte convicción de que eso sería ir abiertamente en contra de la costumbre de la cultura japonesa». Tampoco dice nada a K, cuando todavía era posible encontrar una solución, y vive después durante años con su esposa sin sentirse capaz de revelar su supuesta responsabilidad en la muerte de K, ni intentar desvelar si ella llegó a estar enamorada de K (el general Nogi también pasó 35 años, como nos recuerda Sensei viviendo su remordimiento hasta decidirse a “seguir a su señor”). Pero Sensei no cambia de actitud ni siquiera después de muerto, al exigir al narrador que mantenga el secreto y no le diga nunca la verdad a la viuda. Parece bastar con ese rasgo tan cristiano que es la confesión secreta para redimirse de todos los errores y del daño causado y por causar, en este caso a la viuda, que quizá heredará ese sentimiento de culpa, pues previsiblemente ella se preguntará si es causante de la muerte de su esposo.

 

 

 

Dào (Una manera de encarar las cosas)

Dào es uno de los términos chinos más conocidos en Occidente, aunque hasta hace poco se escribía como “Tao” (“Dào” debe pronunciarse también “Tao”). Para muchos es un concepto místico o religioso, una idea que se ha extendido debido a la concepción espiritual que se tiene del lejano oriente. Esta imagen mística de Asia es un tema fascinante, ya que nace de un montón de prejuicios falsos. Aunque ya escribió en los setenta Edward Said acerca de este asunto en Orientalismo, aquí, en este lado del mundo llamado Occidente, seguimos teniendo prejuicios muy parecidos a los de entonces. En el Gabinete oriental  intento desmontar estos prejuicios, aportando datos y experiencias basados en la semejanza más que en lo diferente. Intento pensar que los demás, en este caso los chinos, son como nosotros, una lección que me enseñó Mark Twain cuando dijo que conocía a la humanidad porque se conocía a sí mismo, y que en él mismo estaba todo lo bueno y lo malo de la humanidad. Volviendo al tema del dào y de la concepción orientalista, el sinólogo Albert Galvany fue uno de los primeros en observar que los traductores españoles de El libro de la virtud y el camino (Daodejing, antes llamado Tao Te King) tenían la costumbre de dejar sin traducir el término dào y además solían escribirlo con la primera letra en mayúsculas: Dào. Esta grafía conduce inevitablemente al lector a relacionar el dào con otro concepto que en español se suele escribir parecido: Dios. También supongo que el estilo metafórico y el lenguaje a veces poético o críptico del Daodejing es un factor que favorece al efecto místico. Si además Laozi, el autor del Daodejing, nos dice que el dào es inefable, es decir, que no se puede explicar, entonces estamos casi condenados a no entender nada, porque después de eso, a ver quién es el loco que se decide definir qué diablos es eso del dào. Yo soy esa loca. Y me atrevo a decir que lo que quería decir Laozi es que cualquier explicación es insuficiente e inadecuada, lo mismo al hablar del dào que al explicar un chiste o un poema: se puede explicar, pero la explicación no contiene la gracia del chiste o la belleza del poema. Antes de proseguir con este arrebato de locura, hay que aclarar que el dào es un término muy usado en la filosofía china, no sólo en el taoísmo sino en otras escuelas filosóficas. Cuando algún pensador se preguntaba qué era el dào, lo que investigaba era cuál es el camino que los hombres y el gobierno debían tomar. Las principales escuelas de la filosofía china tienen diferentes interpretaciones acerca de lo que el hombre debería hacer o no hacer. Para Laozi, el hombre debe retirarse, abandonar las pasiones; Confucio, en cambio, creía en un hombre social motivado por la benevolencia; Han Feizi proponía las leyes y la educación. Al saber esto, ya no nos sorprende tanto que Laozi pensara que el dào no se puede definir: se puede discutir, se puede idealizar, se puede mejorar, se puede explicar, como un chiste o un poema, pero si se expresa de una forma precisa y cerrada, se estropea. Esta imprecisión es muy difícil de entender en un mundo, tanto aquí como allí, en el que las personas nos definimos constantemente: soy de izquierdas, soy madre, soy mujer, y al definirnos nos ajustamos o encerramos en nuestra propia definición. El dào, en cambio, es algo que no se sitúa en ningún lado, que no tiene identidad, sólo es la búsqueda del camino que hay que seguir en cada momento, un camino que cambia y se transforma porque el ser humano y la sociedad cambian y se transforman. No es una fórmula que puedas aplicar a cualquier cosa, es una manera de encarar las cosas. Tal vez por eso, el carácter dào (道) está compuesto por el radical 辶(chuò) que significa “caminar” y el componente首 (shǒu) “cabeza”, porque, vayamos donde vayamos, debemos caminar sin perder la cabeza, es decir, con sensatez.

青岛啤酒 La cerveza Tsingtao

Encontrarte con los amigos te ofrece la posibilidad de discutir, que es un ejercicio muy sano si se hace con la actitud de San Agustín: en una discusión quién pierde gana.  Si además, te tomas una cerveza (o unas cuantas) es posible que se eleve el tono y se calienten los ánimos.

La discusión fue motivada por la marca más conocida de cerveza en China: Tsingtao.  Para aquellos que no saben cómo  funciona el chino, tienen que saber que es raro encontrarse con una palabra como Tsingtao, ya que la inicial ts no se usa en el sistema de romanización actual pinyin.

Cuando llegaron los primeros occidentales a Asia, se inventaron diferentes sistemas de transliteración del chino, es decir, un sistema que permitiera romanizar los sonidos y así poder entender y aprender chino. Al traducir el sonido, los occidentales podían leer y pronunciar los caracteres chinos.

La cerveza Tsingtao se escribe en chino青岛 y se lee en pinyin como Qīngdǎo.Ojo, cuidado, esto no significa que un español lea literalmente Qīngdǎo, me temo que el pinyin no coincide con el español exactamente. Una transliteración del español sería algo así como Chingtao.

Volviendo a la discusión, la polémica se centró en por qué la cerveza Tsingtao se llamaba así. Unos decían que era la pronunciación cantonesa y otros que utilizaba un sistema de romanización más antiguo que el pinyin. Voy a desentrañaros este simpático misterio.

La primera fábrica de cerveza Tsingtao se implantó en 1903 en la ciudad portuaria de Qingdao, que está en Shandong.  Los dueños de la fábrica eran alemanes. Por entonces, el pinyin no se había instaurado como sistema de romanización normalizado, esto ocurrió mucho después, con la llegada de Mao Zedong al poder.

Curiosamente, Tsingtao tampoco es un nombre que corresponda al Wade-Giles, que es otro de los sistemas de transcripción del chino al alfabeto occidental, muy conocido y usado, pero en proceso de abandono. Muchas ediciones del Dào Dé Jing son conocidas en España por su antigua romanización Wade-Giles: Tao Te Ching.

La palabra Tsingtao, sin embargo, viene de otro sistema: el EFEO, un sistema inventado por laEscuela francesa de Extremo Oriente (École française d’Extrême-Orient) en el siglo XIX. Para entendernos el EFEO es la respuesta francesa al Wade-Gilles. La diferencia es que la inicial q del pinyin la trascriben como ts y la d como t. De ahí el nombre de Tsingtao.

Una vez resulto el misterio, sólo me queda decir, que la cerveza Tsingtao es la bebida alcohólica más popular en china junto con el 白酒 báijiǔ (alcohol blanco), que es un licor blanco destilado hecho a partir de arroz glutinoso en el sur de China y de trigo, cebada,  mijo o sorgo en el norte.

Los chinos no beben la cerveza tan fría como en España, en realidad, no suelen beber nada frío ya que según la medicina tradicional china, no es bueno para el cuerpo. Así que si viajáis a China tenéis que insistir en que os sirvan bien bien fría la cerveza.

LA CIUDAD DEL ÚLTIMO DIOS CHINO

A más de veinte mil li de distancia (10.000 kilómetros), existe una ciudad donde el aire es puro y la vida se abre camino por entre las piedras. Shaoshan es su nombre y significa “montaña bella”. Todos los chinos del mundo han oído hablar de esta ciudad porque es el lugar donde nació el último dios chino: Mao Zedong.

Shaoshan fue durante los sesenta la meca de los maoístas. Cerca de 60.000 personas visitaban diariamente la ciudad, muchos de ellos a pie como auténticos rocieros. No era para menos, visitar este lugar podía limpiar tu pasado de “negro”, es decir, de capitalista, que era opuesto a “rojo”, comunista. Ser negro por aquel entonces, los años de la revolución cultural, podía significar, si tenías suerte, pasarte diez años en una ciudad remota trabajando en el campo sin agua corriente ni luz. Otros negros fueron linchados, asesinados o inducidos al suicidio. La pureza, no de raza sino ideológica, se impuso en los peores años de la historia China reciente. Esta pureza ideológica alcanzó niveles esperpénticos, como la peregrina idea de imprimir los periódicos en letra roja. El abuelo de una amiga china fue condenado a vivir en el campo, separado de su familia, porque durante la segunda guerra mundial había trabajado como traductor cuando los norteamericanos eran aliados de los chinos, durante la invasión japonesa.

Fue durante la Revolución Cultural cuando los habitantes de Shaoshan dejaron de trabajar los campos y se dedicaron a vender escapularios comunistas en las inmediaciones de la casa natal de Mao Zedong. Más adelante, en los noventa, después de la muerte de Mao y tras la introducción de reformas de corte capitalista en China, la imagen de Mao volvió a surgir con fuerza debido al descontento de la población. Y una vez más, la ciudad natal del Dios volvió a tener una economía boyante. Hay algo de contradictorio en todo esto. Mao Zedong el hombre que más palabras ha gastado contra lo burgués y capitalista, se convierte en marca comercial e icono pop.

Yáotóuwán [摇头丸] [ÉXTASIS]

Yáotóuwán [摇头丸] es una de esas palabras chinas que adquieren su nombre con la descripción de la acción que produce el elemento que designan. Si avión es maquina-voladora (feiji) y ordenador, cerebro-eléctrico, Yaotouwan, agitar-cabeza-pastilla, sólo puede ser en chino éxtasis o MDMA. Este tipo de palabras me hacen mucha gracia y, además, son fáciles de recordar, algo que se agradece cuando estudias chino.

Pensando en el estudiante de chino común, quizá está palabra se la pueda ahorrar, aunque, ¿quién sabe?, nunca se sabe cuándo y cómo vas a utilizar una palabra. En cualquier caso no voy a aconsejar a nadie que tome drogas en China, porque la legislación es muy dura al respecto. Pero eso no significa que no se consuman drogas. En los clubes de Shanghái y Pekín los bailarines agitan la cabeza al ritmo de la música como lo podrían hacer en Nueva York, de una manera que parece revelar que no es sólo el ritmo la única causa.

Yunnan, la provincia en la que viví, pertenece a lo que se llama el Triángulo de oro, formado por Vietnam y Myanmar, donde se plantaba y se producía opio ilegal para Europa. Durante los ochenta, aumentó mucho el consumo de heroína entre los chinos, al mismo tiempo que aumentaba el contagio del Sida debido al uso de agujas contaminadas.

El gobierno chino ha perseguido el tráfico de drogas y al parecer ha logrado frenarlo, utilizando misma estrategia que en otros asuntos internacionales, como por ejemplo en su relación con Taiwán: ha llegado a acuerdos comerciales. La inversión china a cambio del control del tráfico de drogas en el norte de Myanmar.

Es una pena que no se planteen otras formas de solucionar el conflicto, como la legalización universal de todas las drogas, que es quizá la solución mundial contra el narcotráfico,  la sobredosis y la droga adulterada.

Xuéxí zhongwén [ESTUDIAR CHINO]

Hace unos días, un buen amigo me contó que su hija de nueve años estaba estudiando chino. Él, que es de la generación del francés, estaba sorprendido de cómo ha evolucionado la educación en España. En este sentido, quizá no sea exagerado recordar a Darwin, al menos a la interpretación popular del darwinismo: el chino resurge como la especie superior al compás de los buenos augurios económicos de China, mientras que el francés va perdiendo seguidores en la maltrecha Europa. Los pronósticos económicos, sean ciertos o no, terminan convirtiéndose a menudo en profecías autocumplidas. La economía mundial tal vez sea un puro efecto mágico, mezcla de una pizca de realidad con una pizca de ilusión; una vez creada la sugestión, el espectador hace el resto y termina el truco en su cabeza sin ser consciente del proceso. Arthur C. Clarke dijo aquello de que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, y quizá ahora mismo se podría quizá decir lo mismo de la economía. Por otra parte, este efecto mágico se apoya en el miedo y en la esperanza: si se descubriera una materia prima primordial en Transnistria, tal vez los niños españoles pasarían los veranos en Rîbniţa aprendiendo moldavo (o ruso, porque este estado no reconocido todavía no sabe si es moldavo o ruso, o ninguna de las dos cosas).

Sea como sea, los niños españoles están estudiando chino. Y creo que no es mala idea. Tengo la teoría de que estudiar chino forja el carácter, no porque sea un idioma imposible de aprender, sino porque es un idioma posible, pero que necesita un ingrediente: perseverancia. Ese es el secreto del chino. Y quizá también es en parte el secreto de los chinos. En realidad, quizá sea el secreto de cualquier materia que queramos dominar: a Truman Capote no le importaba confesar que pasaba ocho horas diarias escribiendo porque quería dominar el arte de escribir.

Sin embargo, hay que decir que estudiar chino es para siempre. Eso sí, en el momento que el idioma y la cultura china te seducen, la pasión se unirá al esfuerzo inicial  y, a partir de entonces, serás invencible (al menos en el aprendizaje del chino).