«Una buena discusión puede ser una delicia, pero hoy en día es un bien escaso»- Cómo triunfar en cualquier discusión

  1. Desde las primeras líneas se nota que te lo has pasado bien escribiendo Cómo triunfar en cualquier discusión y que nos lo vas a hacer pasar bien a los lectores.

La intención del libro es que los lectores se lo pasen bien, que se diviertan, y es cierto que yo mismo disfruté reuniendo los trucos que los polemistas usan (o usamos) en las discusiones. A pesar de sus malas intenciones, puesto que intentan manipular los discursos o las emociones, muchas de esas estratagemas dialécticas, demuestran creatividad e inventiva y, como toda obra de ingenio, son admirables. Los lectores pueden divertirse al darse cuenta de que ellos mismos recurren a estas trampas dialécticas, pero también les recordarán las que han visto una y otra vez en el mundo de los polemistas. El libro tiene la intención de revelarles los mecanismos ocultos de esos trucos dialécticos.

2. Cómo triunfar en cualquier discusión tiene mucho humor y creo que es un recurso que utilizas en todos tus libros, aunque no con la misma intensidad.

El humor siempre está presente en mis libros porque esa es la manera en la que contemplo la vida  y la realidad. El mito griego dice que cuando Pandora abrió la caja que contenía los bienes y los males, escaparon todos, menos la esperanza, que quedó revoloteando en el fondo, y que es lo que impide que cualquier persona se tire por un barranco al contemplar todos los desastres del mundo. Pero yo creo que lo que quedó revoloteando allí no fue la esperanza, sino el humor.

3. En las discusiones ¿es bueno utilizar el sarcasmo o te puede salir el tiro por la culata como le paso al obispo Wilberforce?

Recordemos la anécdota: el obispo Wilberforce preguntó si Darwin descendía de un mono «por parte de padre o por parte de madre». Fue replicado por Thomas Henry Huxley, que dijo que a él no le importaría descender de un mono pero que se avergonzaría de ser una criatura evolucionada que recurría a tales vulgaridades para empañar el debate científico. Esa sería una buena demostración de que hay que tener cuidado con pasarse de listo; pero, claro, no todos son tan rápidos como Huxley: lo más habitual es quedarnos paralizados ante un sarcasmo como el del obispo, al que se añaden las risas del público. En cualquier caso, todos los polemistas deberían ser precavidos y saber que de tanto en tanto pueden encontrarse con un rival como Huxley. En mi libro, por fortuna, hay muchos remedios para sobrevivir a una circunstancia como esa.

4. ¿Qué es lo que nunca hay que hacer en una discusión?

Es difícil pensar en algo que sea malo en cualquier circunstancia imaginable. Estaría tentado de decir que un polemista nunca debe dar la razón al rival, pero uno de los trucos que menciono en el libro consiste precisamente en darle la razón al oponente. Ni siquiera huir de la discusión tiene por qué ser malo, como digo en otra entrada, en la que elogio el mantenerse en silencio. Me atrevo a proponer algo que siempre o casi siempre es negativo: repetir una y otra vez los mismos trucos dialécticos. Un buen mago o un buen polemista no repite dos veces el mismo truco. Eso te convierte en previsible y da armas al rival. Ahora bien, también podríamos esconder un triple juego: hacernos previsibles a propósito, para, cuando el rival crea que nos tiene en sus manos, sorprenderlo con una respuesta que hemos preparado de antemano. Es un método que emplean los grandes maestros del ajedrez, fingiendo que caen en una emboscada de sus rivales.

5. ‘Anticipación’, ‘acuerdo’, ‘dar cuerda’… son entradas del diccionario que de alguna forma se relacionan con tu trabajo anterior sobre El arte de la guerra. ¿Este libro se podría haber llamado El arte de la discusión?

Habría sido un buen título, aunque, como el libro tiene una intención también irónica y crítica, no habría sido del todo adecuado, al menos si hablamos de una buena discusión o diálogo. Pero es cierto que existen muchísimas similitudes entre el arte de la estrategia, y en concreto El arte de la guerra de Sunzi, y las estratagemas para vencer en cualquier discusión. De hecho, he escrito un breve artículo en el que adapto varios de los preceptos de El arte de la guerra al terreno de la discusión.

6. Algunos trucos del libro son muy útiles, más allá de la polémica, como por ejemplo ‘dudar’. 

Sin ninguna duda. Basta con pensar que la filosofía moderna surgió cuando Descartes dudó de todas las cosas. O  al menos eso es lo que nos dijo él, porque cuanto más leo a Descartes más me da la impresión de que su truco de la duda se parece bastante al truco que cuento en la entrada de mi libro “DUDAR”.

7. Hablas de que se practica mucho el discurso confuso en las élites intelectuales, ¿esto está pasando en España?

En el libro cito, dentro del Kit de supervivencia para casos extremos, la inmortal sentencia de Cossío: «Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos». El discurso confuso, enrevesado, seudocientífico e impreciso ha sido practicado por las élites intelectuales desde los años 60 y ha llegado a extremos que bordean el mal gusto y la estafa. Aunque esa manera de expresarse, voluntariamente oscura o críptica, se inició en Francia, a España nos ha llegado por partida  doble, primero llegó desde Francia y recientemente nos ha vuelto a llegar a través de la versión que se adoptó en Estados Unidos del original francés.

«Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos».

8. ¿Foucault es el nombre que tienes que citar si quieres estar al día en la discusión intelectual?

Probablemente es el pensador más citado por quienes creen estar a la última, y también por quienes consideran que se pueden situar en una posición moral o éticamente superior a los demás. Sus conceptos invaden las redes y las discusiones. Me resulta paradójica esta apropiación de Foucault, pensando en que como historiador era muy poco fiable, al menos hasta sus últimos trabajos, donde empezó a tomarse la investigación más en serio, y que en política acabó por acercarse al liberalismo y renegando del marxismo, aunque le costó desprenderse de algunas de algunas creencias irracionales, como la fe casi mística en el imán Jomeini o la creencia de que el SIDA no existía. Como todo el mundo sabe, Foucault murió de SIDA.

9. Ser directo y deslenguado está triunfando en política. ¿Qué nos atrae de estas personas que no tienen pelos en la lengua? ¿Aconsejas ese estilo?

No creo que sea un estilo aconsejable excepto en algunas personas que saben emplearlo con el suficiente desparpajo, o con humor. Por desgracia para el arte de la polémica, funciona bastante bien en ciertos ambientes y le dio un resultado prodigioso a Donald Trump en su primera victoria electoral. Su estrategia fue muy inteligente: muchos candidatos han sido apartados de la presidencia simplemente porque se descubrió algo no muy limpio en su vida o en su carrera política, o porque se empeñaron en negar algo que finalmente se demostró cierto. Para neutralizar ese tipo de ataques, Trump decidió decir de sí mismo todo aquello que pudiera convertirse en un arma contra él. En vez de defenderse y ofrecer una imagen de debilidad, reafirmó todas sus groserías e incluso las multiplicó. Por fortuna no le ha ido tan bien en la segunda elección. Personalmente, espero que ese tipo de comportamiento se repita lo menos posible, porque el consenso mundial entre las naciones se basa en gran parte en cierta moderación en el discurso. Espero que se atenúe el tiempo de los demagogos y populistas y volvamos a disfrutar de polemistas más ingeniosos. Confío en que, al menos en España, mi libro les ayude para imitar lo bueno y evitar lo malo.

10. Tu libro se subtitula Diccionario para polemistas selectos. ¿Los políticos son polemistas selectos?

Si me preguntas por los actuales, yo diría que no lo son. Es difícil encontrar entre ellos alguno realmente selecto o ingenioso. Probablemente esa es la causa de que ninguno de los actuales dirigentes, a nivel nacional, logre una amplia mayoría en las elecciones. Algunos han demostrado ciertas dotes como polemistas, pero a casi todos les falta un ingrediente esencial, el humor. No un humor sangrante y agresivo, sino ingenioso y alegre.

11. En estos tiempos de pandemia, muchos estamos preocupados por la eterna polémica y discusión política. ¿Por qué el Congreso de los Diputados a veces parece un plató de Sálvame?

No lo sé. Me temo que no solo el Congreso de los diputados, sino casi cualquier lugar en el que se reúnen más de cuatro personas. Hemos perdido el gusto por una discusión que vaya más allá de las descalificaciones o de la demostración constante de superioridad moral; no tenemos paciencia para escuchar lo que nos contradice ni los argumentos que no coinciden con nuestra posición, ni siquiera para refutarlos de manera convincente y sagaz.

12. Aunque ahora mismo y más con la pandemia, todos estamos nerviosos y nos es difícil contener la ira, en realidad una discusión bien llevada… puede aportarnos un gran placer intelectual. ¿Estás de acuerdo?

Completamente de acuerdo. Una buena discusión puede ser una delicia, pero hoy en día es un bien escaso. En mi libro hay técnicas que me gustan más y otras que me gustan menos, pero en muchas de ellas se puede admirar la habilidad, aunque sea habilidad para engañar, distorsionar, llevar el agua a nuestro terreno. En otras no hay nada que admirar, por supuesto, pero ese es el ingrediente irónico.

13 ¿Con quién te gustaría tener una buena discusión?

Si puede ser un personaje histórico, elegiría a alguien al que creyera capaz de cambiar de opinión, de dejarse convencer por buenos argumentos y de convencerme a mí de la misma manera: ese es uno de mis mayores placeres: cambiar de opinión de manera razonable. Pienso que una de esas personas, que son muy escasas incluso entre los filósofos, era Bertrand Russell. De todos modos, por fortuna tengo amigos y familiares con los que es un placer dialogar e incluso discutir, que me hacen olvidar a todos aquellos con los que la conversación y la discusión se ha vuelto imposible.

14. ¿Con quién te daría mucha pereza discutir?

Me da mucha pereza discutir con las personas atadas a partidos o a ideologías, aquellas que ya sabes de antemano lo que van a opinar en cualquier cuestión: lo que diga su partido o su supuesta ideología. También me dan mucha pereza los y las activistas profesionales. Groucho Marx decía que cuando el matrimonio entra en una casa el amor sale volando por la ventana. Yo creo que cuando uno se hace activista profesional, la verdad huye muy lejos.

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